
Todos los 23 de abril regalo un libro. Cuando tengo suerte, me lo regalan a mí. Este año coincidieron regalo y regalada, así que me fui toda decidida a una macro-librería a ver qué encontraba.
Últimamente, para encontrar algo de literatura "normal" parece que hay que bucear por las estanterías, entre templarios, santos griales, hermandades secretas, conspiraciones judeo-masónicas y descendientes de la Magdalena. Madre mía, ¡qué fiebre mística y conspiranoica le ha entrado a todo el mundo! La culpa es de Dan Brown, por supuesto.
Pues cuando ya estaba a punto de desistir de mi intento y casi decidida a llevarme una guía de los mejores hoteles rurales de la Península, la portada de un libro me llamó la atención. Era una foto en blanco y negro de una mujer y el título del libro eran dos palabras que me cuesta tanto pronunciar que aquello me pareció una señal. Y punto.
En la solapa, la biografía de la autora, Mercedes Castro. Ferrolana y licenciada en Derecho. Demasiadas coincidencias y demasiadas señales.
Lo reconozco: me compré el libro por el título, la portada y la biografía de la autora. No sabía de qué iba, pero ahora que lo he terminado, creo que voy a empezarlo otra vez. No es sólo una novela negra, no es sólo una novela realista, no es sólo una novela llena de ironía. Es mucho más que eso. Y Punto es Clara Deza, su personaje principal. Y todas somos Clara. Y Clara es un poco como nosotras.
No os voy a decir de qué va. Sólo os diré que tenéis que leerlo. Y punto.






